La agricultura es "a menudo" responsable de los daños al medioambiente, pero a la vez, los campesinos deben ser considerados "un elemento clave" para detener la degradación de los ecosistemas vitales, señaló el responsable de la Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), en un comunicado.
Muler indicó que se necesita "voluntad política para revertir la degradación de los ecosistemas a través de cambios en las políticas y prácticas agrícolas y en las instituciones".
La agricultura tiene que "figurar en el centro de la escena si se quiere conservar el equilibrio ecológico del que dependen la actual generación y las generaciones futuras", pues si no hay cambios, la degradación medioambiental "puede amenazar la productividad agrícola y la seguridad alimentaria", advirtió.
Gran parte del debate sobre la biodiversidad, el cambio climático y la bioenergía se está produciendo "sin la participación efectiva del sector agrícola y los ministerios implicados", indicó Muller, quien consideró "es necesario cambiar la situación".
Además, consideró que se necesita "con urgencia" un análisis global de los problemas ambientales asociados a la agricultura y un marco estratégico para identificar los enfoques adecuados desde el punto de vista ecológico y económico.
La FAO presentó un informe con motivo de la reunión de su Comité de Agricultura, en el que indica que a pesar de la aprobación de importantes acuerdos internacionales sobre el medioambiente, las emisiones de carbono siguen aumentando, las especies extinguiéndose y la desertización es una grave amenaza en muchos países.
Además, se espera que el cambio climático acelere muchas de las presiones que sufre la naturaleza, y el aumento previsto de los monocultivos para producir biocombustible "puede llevar a una aceleración de la erosión de la biodiversidad".
El Comité de Agricultura de la FAO, reunido desde hoy y hasta el sábado, debatirá también la forma de reducir el daño medioambiental provocado por la producción ganadera.
El sector ganadero tiene un papel creciente en la economía agrícola y se prevé que la producción mundial de carne llegue a 465 millones de toneladas en 2050, mientras que la de leche superará los 1.000 millones.
La producción ganadera aumenta la presión sobre muchos ecosistemas y contribuye a los problemas medioambientales, por lo que es necesario tomar "medidas drásticas" de tipo técnico y político para solucionar su impacto en la naturaleza, "teniendo en cuenta el crecimiento previsto del sector", agregó Muller.