Cinco minutos a oscuras. Así
es como protestaron ayer cientos de ciudades
de todo el mundo contra el cambio climático.
El apagón solidario, que surgió
de un colectivo de organizaciones francesas
denominado Alinaza por el planeta, logró
un seguimiento relevante, especialmente entre
las instituciones, que apagaron edificios públicos,
sedes oficiales y monumentos representativos.
En Gipuzkoa la protesta fue simbólica.
En San Sebastián se quedaron sin luz
el Ayuntamiento, el edificio de recursos medioambientales
de Cristina Enea, el Hotel María Cristina
y los cubos del Kursaal entre las 19.55 y las
20.00 horas, lo que obligó a retrasar
cinco minutos el concierto que ofreció
el cantautor Pablo Milanés en el palacio
de congresos donostiarra. Algunos particulares
y empresas se atrevieron a apagar los interruptores,
un pequeño gesto con el que mostraron
su preocupación «ante las consecuencias
del cambio climático» y la «necesidad
de políticas de desarrollo sostenible
con el planeta», subrayó el consistorio
donostiarra.
También se sumaron a la causa los ayuntamientos
de Bilbao (se apagó la fachada del teatro
Arriaga, entre otros), Vitoria y Pamplona, así
como otros repartidos por el resto de la Península.
El Ministerio de Medio Ambiente, la Federación
Española de Municipios y Provincias (Femp),
organizaciones ecologistas, sindicatos, consumidores,
grupos políticos y oenegés se
animaron asimismo a la iniciativa.
El apagón trascendió todas las
fronteras. En Francia afectó a la Torre
Eiffel y a otros diez emblemáticos monumentos;
en Bélgica, se quedó a oscuras
el Atomium y en Italia, se adhirió la
región de la Toscana. Otros países
como Holanda o Portugal prefirieron no secundar
el llamamiento por los problemas que pudiera
ocasionar en la red eléctica. Las compañías
del sector estuvieron pendientes de la caída
repentina de la demanda. La bajada en el consumo
fue de 1.000 megavatios y, según Red
Eléctrica de España (REE), operador
del sistema, no provocó anomalías
en su funcionamiento general.
Diagnóstico en París
Un planeta cada día más caliente
y contaminado, con fenómenos meteorológicos
tan inesperados como funestos y un clima que
no esperará a nuestros nietos para degradarse:
éste es el triste panorama trazado por
los expertos reunidos en París, por lo
que para solucionarlo desean provocar un compromiso
más firme de los gobiernos del mundo
en los próximos años.
En la capital francesa están reunidos
500 especialistas del Grupo Intergubernamental
de Expertos sobre el Cambio Climático
(IPCC, según sus siglas en inglés),
creado en 1988 por la ONU y la Organización
Meteorológica Mundial, que tiene como
misión mediar entre los investigadores
y los gobernantes. El encuentro terminará
hoy con la publicación de un informe
que será la base científica para
las negociaciones sobre medio ambiente posteriores
al protocolo de Kioto, destinado a reducir las
emisiones de dióxido de carbono (CO2),
cuya primera fase expira en 2012.
Un borrador de este documento calcula que la
temperatura de la Tierra habrá aumentado
tres grados en los próximos años
en el mejor de los casos, o incluso 4,5ºC,
con respecto a los niveles de la era pre industrial,
si la concentración de dióxido
de carbono en la atmósfera sigue creciendo.
Según los expertos, el cambio climático
se traducirá en grandes sequías,
inundaciones, ciclones y un aumento del nivel
del mar que provocará «millones
de refugiados medioambientales» dentro
de algunas décadas, lo cual provocará
una gravísima crisis humanitaria.
Frente a estas previsiones desalentadoras, los
expertos instarán hoy a la comunidad
internacional a dar una respuesta fuerte y unida
que implique una continuación del protocolo
de Kioto, que no ha sido ratificado por Estados
Unidos, primer contaminador mundial.