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Iñaki Olaizola, profesor y psicólogo:
"El día pertenece al mundo adulto, al mundo de las responsabilidades. La noche, como apunta el dicho, es joven, es para divertirse. Los domicilios familiares tienen el espacio que tienen y los adolescentes necesitan ese lugar propio más allá de la familia. Eso lo encuentran en la noche, en el parque con el botellón, o en los pubs de moda si disponen de más medios económicos. La noche es un momento de encuentro entre los chavales. El contacto con el consumo de alcohol, más pronto o más tarde, resulta inevitable. Y es que la gente sale y bebe alcohol. La sociedad en su conjunto es lo que actúa como modelo de comportamiento. Los jóvenes están cerca del alcohol casi a los 13 años. Pero sólo un tres, un cuatro o un cinco por ciento de estos jóvenes tendrán problemas graves con la bebida. El resto lo llevará de manera que no interfiera excesivamente en su vida cotidiana".
'Hacia una nueva cultura de la identidad y política' (estudio sociológico de la UPV):
"Esta sociedad no deja a los jóvenes hacerse adultos. Ahora la juventud está en tránsito permanente. Ya no son jóvenes pero tampoco adultos, ni ellos ni sus padres saben lo que son. El tránsito a la edad adulta se alarga durante mucho tiempo y, por esto, la juventud se fragmenta en diversos universos:
- los que se desesperan
- los que hacen lo que pueden
- los que se dan al botellón
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los que inventan salidas creativas a su situación"
Javier Elzo, catedrático de sociología:
"Alrededor del botellón están emergiendo grupos de jóvenes que se divierten conversando y rechazan al que se emborracha. El problema es mucho más de fondo, ya que hemos llegado a una situación en la que hay una tolerancia muy grande hacia el uso del tiempo libre nocturno del fin de semana. Lo que falta es una conciencia colectiva de que ese modo de organizar el uso del tiempo es nefasto. Mientras eso no se haga, las medidas van a servir de poco. O sea, lo que hace falta es convencernos de que hay que divertirse a otras horas. El objetivo tiene que ser básicamente que la diversión comience y termine antes. El problema no es sólo de los jóvenes. Es que aquí todo empieza de noche.
Luis Pantoja, director del Instituto de Drogodependencias de la Universidad de Deusto:
"Detrás del botellón subyace un cambio de valores. Los jóvenes están desencantados y quieren ir en contra del mundo. Se ha perdido el norte. Pantoja está convencido de que antes o después, los macrobotellones van a desaparecer. Pero lo que no se va a acabar son las fiestas y los botellones particulares en la calle. Hay que seguir educando desde todos los ámbitos.
Raquel Blanco, responsable del departamento de Servicios Sociales de la villa del Alto Urola:
"El problema no es el botellón sino los locales que alquilan los jóvenes como lugar de reunión. Ahí dejamos de saber qué hacen o dejan de hacer. En Zumarraga, como en muchos otros municipios, se apuesta por los programas de prevención y de ocio nocturno alternativo. Sin embargo, ni las clases de música, ni los conciertos, ni el deporte consiguen desbancar a los bares y al alcohol. Es imposible competir con ellos".
Elena Salgado, ministra de Sanidad
"Las competiciones de botellón son un atentado contra la salud. El tema es preocupante por los posibles daños a la salud, pero también por la dependencia del alcohol para divertirse que tienen muchos jóvenes". |