volver a la portada de noticias >>      
Marino Lejarreta, 'El junco de Bérriz', historia viva en Donostia
Ganó las dos primeras ediciones de la prueba y volvió a imponerse en solitario en 1987.
Benito Urraburu / 13-VIII-2005

El recorrido inicial me iba muy bien. Por Hondarribia, la primera parte era más suave, pero el final era más duro. Era más fácil romper por el recorrido antiguo. Romper atacando por donde se sube ahora es más complicado. Desde Lezo a meta había menos kilómetros».

Ganó su primera Clásica, en 1981, en solitario. La segunda, en 1982, se impuso al sprint a Perico Delgado y Jesús Rodríguez Magro: «Éramos uno peor que otro al sprint. Los tres eramos lentos pero les gané».

Todavía le quedaría una tercera victoria en el Boulevard, en 1987, con Caja Rural: «Ese triunfo resultó inolvidable. Eran años de esplendor del ciclismo vasco. Ganar en solitario con las miles de personas que había en la carretera es algo que no se puede explicar. Hay que vivirlo para entenderlo».

Hubo otra Clásica de peor recuerdo para él, la de 1986, cuando atacó en Jaizkibel y se llevó a Iñaki Gastón a rueda, «que me ganó al sprint. No colaboró mucho y era más rápido que yo». Y otra más, la de 1990, en la que se impuso Miguel Indurain, «después de atacar también en Jaizkibel. Me entró un flato cuando íbamos solos subiendo y Miguel se marchó solo».

La Clásica de San Sebastián y Marino Lejarreta tuvieron una historia de amor.

Han pasado 25 años desde que Marino Lejarreta se impusiese en la primera edición de la Clásica de San Sebastián. El 'junco de Berriz' ganaba las dos primeras ediciones de la prueba y años después, en 1987, volvía a imponerse en la carrera con los colores de Caja Rural.

Desde entonces, la carrera ha cambiado mucho, sobre todo en su parte final. Marino fue el único corredor que ganó con dos finales distintos. «El último triunfo lo logré con el trazado actual, subiendo Jaizkibel desde Lezo y bajando a Hondarribia. Los dos primeros fueron al revés. Se subía Jaizkibel desde Hondarribia para llegar hasta Lezo y desde allí se iba a meta».

De cuerpo delgado, fibroso, como los juncos que poblaban su caserío de Berriz, Marino marcó una época en el ciclismo vasco. Formó una pareja sin fisuras con Txomin Perurena, que tenía una confianza ciega en él.

Marino Lejarreta acabaría siendo el hombre de confianza de Manuel Saiz en la Once, que cogió una buena parte del organigrama de Caja Rural, aunque esas son otras historias. Marino recuerda con agrado aquellos momentos, «ya lejanos. Siempre he seguido la Clásica. Cómo comentarista de ETB, de espectador.