volver a la portada de noticias >>      
Una cita ineludible con Jaizkibel
El puerto guipuzcoano volvió a ser el punto de encuentro de miles de aficionados que, con bici o sin ella, se acercaron a ver el paso del pelotón.
Alfredo Gazpio/ 14-VIII-2005

Este es el caso de un grupo llegado desde Urnieta, Lasarte y Errenteria. Juan José Delgado capitaneaba una expedición en la que también estaban Jose Mari Lekuola, Manu y Ander Bengoetxea, Josetxo Amantegi, Francisco Javier Gil y Javier Extreme. Aficionados del ciclismo y de las excursiones de un día, este grupo madrugó para coger un sitio privilegiado en un pinar situado en el ecuador de la ascensión. Entre sidra y sidra, cada uno hacía sus pronósticos acerca del papel que horas después jugarían los corredores del Euskaltel. «Aunque nos gustaría, me parece que como ya demostraron en el Tour, no tienen nada que hacer», comentaba el encargado de cuidar un jugoso marmitako.

Todos con Patxi Vila

Denis Menchov, un ruso afincado en las cercanías de Pamplona, trató de reventar la carrera en el último tramo de la ascensión. Sin embargo, el de Rabobank no fue el corredor más aclamado es este punto. Desde primera hora de la mañana, la recién inaugurada peña de Patxi Vila se esmeraba en los preparativos ante la inminente llegada de su corredor. «Va escapado desde el kilómetro 30 y hoy va a ganar», aseguraban los de Hondarribia. Iñaki Ramos, Fernando Hoyos, María Luisa Errandonea, Iñaki Aranaga, Txomin Oronoz y Xabi Prieto se agolpaban en torno a un televisor para seguir la evolución de la escapada. «A nosotros nos basta con que llegue aquí de los primeros. Luego nos da igual si termina a diez minutos».

La marea rosa de Legorreta

Quizá el grupo más extenso de aficionados fue el llegado desde Legorreta. Embutidos, de forma circunstancial, en unas camisetas rosas -con motivo de una promoción publicitaria- esta veintena de aficionados ocuparon «el sitio de todos los años» en el pinar. Asiduos a los Alpes y los Pirineos, desde hace años no fallan a su cita con la Clásica.

Algunos de ellos -Mikel e Idoia Mujika, Julián Urtaza, Óscar Camino, Ibai Amenavarro, Jon Nieto y Aritz Etxeberria- llegan al puerto de Jaizkibel tras recorrer en bici los 60 kilómetros que lo separan de Legorreta. «Los tres primeros kilómetros de la ascensión son los más duros», comentaba Julián Urtaza.

Por su parte, el grueso del grupo llega en coches para transportar el obligado 'avituallamiento'. Normalmente costillas y sidra aunque «este año hemos traído todo hecho desde casa porque nos ha fallado el de la parrilla», bromeaba Mikel Mujika.

Una apuesta con historia

«Rebellin», «Bettini», «Perdiguero», «Pereiro». «No, ese ya está dicho». Como es tradición, esta cuadrilla de Legorreta realiza una porra antes de que pase el grueso del pelotón. Por un módico precio de dos euros, confían su dinero al estado de forma de su corredor favorito.

«A ver si esta vez gana uno de aquí que desde unos años parece que es imposible», comentaba Mikel Mujika. «De hecho, me parece que el último fue Miguel Indurain, porque a ese lo consideramos de casa».

SAN SEBASTIÁN. DV. A pocos kilómetros de Lezo, una señal anuncia el puerto de Jaizkibel. Debe ser conocido, porque horas antes del inicio de la carrera, su nombre acapara todo el protagonismo en las últimas indicaciones de los directores a sus corredores.

Esta nueva edición de la Clásica presenta novedades. Por primera vez en 25 años compite el UCI Pro Tour, aunque, a priori, esto no vaya a alterar el modus operandi de los ciclistas. Después de todo, para entonces muchos de ellos habrán consumido un alto porentage de su combustible.

El corredor encara esta bonita ascensión con 195 razones para encontrarse fatigado. Y, por si fuera poco, este exigente puerto guipuzcoano no concede una tregua y presenta su cara más fea en sus primeras rampas.

«La entrada al puerto es lo más duro -comenta Juan Miguel Muñoz-, pero es a partir del sexto kilómetro cuado la carrera se tensa y se rompe». Junto a sus amigos de la Sociedad Cicloturista de Gurutze -Nicolás Saralegui, Marcos Lizarazu, Juan María Sein y Pedro Galdós- este veterano donostiarra realiza su particular clásica todos los años antes de alcanzar la cima de Jaizkibel. «Hoy ya llevamos 140 kilómetros», añade su amigo Marcos. Helado en mano, este 'grupeto' de aficionados recuerda anéctdotas de ediciones anteriores. «En la Clásica que ganó Raúl Alcalá, en 1992, Lance Armstrog llegó en última posición y anunció que iba a ganar esa carrera en el futuro». Y así fue. Tres años después, el hoy considerado mejor ciclista de todos los tiempos subía a lo más alto del podium del Bolulevard y estampaba su firma en el libro de campeones de la glamurosa prueba donostiarra.

Para todos los públicos

A primera hora de la mañana, numerosos grupos de cicloturistas se acercaron a las faldas de Jaizkibel para hacer un primer reconocimiento del trazado que más tarde realizarían los Bettini, Perdiguero y compañía.

El equipo AEG, compuesto por siete corredores cadetes -los gemelos Ander y Mikel Nicolás, Íñigo Eizmendi, Ander Lujambio, Íñigo Larrañaga, Unai Intxiarte y Aritz Cevidanes-, esperaba desde las once de la mañana la llegada del pelotón. A sus catorce años, estas promesas del ciclismo guipuzcoano hacían bromas sobre un más que discutido orden de llegada.

Uno de ellos, Ander Lujanbio, esperaba más bien poco de la actuación de los ciclistas vascos en la Clásica de ayer. «Antes del Tour, Iban Mayo salió en todas las portadas asegurando que se estaba preparando para los Pirineos, y luego no hizo nada». Cerca de diez kilómetros de ascensión con un desnivel del 5,7%, que no asustaron a estos incondicionales de la bicicleta.

Una lectura diferente

Qué duda cabe de que cada cual hace una lectura diferente del evento en cuestión. El día anterior, mientras unos engrasan la bicicleta y preparan el malliot para quitarse la chirrinta, otros no olvidan los sarmientos y la parrilla, seducidos por los placeres del paladar.