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Los clubes,
vigilados por todas partes
La CAT hizo pasar a todos los
remeros por unos controles sanguíneos,
y la ACT aprovechó para realizar
controles de orina por sorpresa.
ALVARO
VICENTE/DV. SAN SEBASTIÁN
El CAT hizo pasar ayer a todos
los remeros participantes en La
Concha por el Centro de Salud Municipal
situado en Benta Berri, donde se
les realizaron los correspondientes
controles sanguíneos, que
serán los que determinen
los niveles de hematocrito. Es decir,
si un remero es apto o no para tomar
parte en la regata.
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Los
remeros de Orio se disponen
a echar la trainera al agua,
en el muelle, para efectuar,
ayer, el último entrenamiento.
[MIKEL FRAILE] |
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Cada plantilla fue pasando a lo largo
de la tarde por la calle Manuel Lekuona,
previa cita concertada por el CAT, algo
que habrá que mejorar para próximas
ediciones, ya que los principales protagonistas
de La Concha suelen utilizar esas horas
para descansar. Para clubes como Hondarribia
y Astillero, concentrados en el Colegio
Olarain y Costa Vasca, respectivamente,
fue un paseo, sin embargo, los oriotarras
tuvieron que regresar desde sus casas
a San Sebastián pasadas las 19.30
horas, cuando por la mañana también
habían entrenado en la bahía.
Lo mejor de todo fue que los controles
sanguíneos que tantos quebraderos
de cabeza han creado entre la Federación
Vasca de Remo y el CAT, por fin, se vieron
cumplidos. De esta forma, si se detecta
algún caso irregular de hematocrito
se procederá a un análisis
de orina, que podría encontrar
sustancias dopantes tipo EPO. Es lo que
hizo la ACT (Asociación de Clubes
de Traineras) en la mañana de ayer.
Por sorpresa el equipo médico formado
por Maialen Beldarrain y José Ramón
Oyarzabal, con la colaboración
de Eugenio Fernández, miembro del
Comité Técnico de la ACT,
plantó su furgoneta junto a la
entrada del Museo Naval de San Sebastián
y solicitó la presencia de seis
remeros, de otros tantos clubes de la
ACT, que ultimaban los preparativos de
cara a la gran cita. Astillero, Urdaibai,
Orio, Castro, Cabo da Cruz y Hondarribia
tuvieron que pasar por la furgoneta provista
de todo lo necesario, con baño
y neveras incluidas.
Normas estrictas
Una vez recogidas las muestras
de cada uno de los seis remeros son introducidas
en unas cajas precintadas y enviadas en
avión al Instituto Municipal de
Investigación de Barcelona. El
procedimiento que no deja de ser muy sencillo
guarda la más estricta confidencialidad.
Y es que en ningún momento el laboratorio
conoce el nombre del remero. Es un código
numérico el que marca la designación
de cada muestra, que a su vez es dividida
en dos recipientes por si hubiera que
proceder al contraanálisis. En
éste último caso, el reglamento
requiere la presencia obligatoria del
propio deportista en el mismo laboratorio,
por lo que habría que solicitar
a la ACT la apertura del sobre que permite
conocer los datos del remero. En total
poco más de 120 mililitros que
permitirán saber con exactitud
el uso o no de sustancias no permitidas.
La ACT sigue trabajando
La Comisión Médica
de la ACT, que hace quince días
efectuó sus correspondientes controles
de salud, deberá reunirse en breve
junto a los médicos de los clubes
y demás partes implicadas para
establecer el corte de hematocrito que
regirá la Liga el próximo
año. Como en el ciclismo, donde
el corte está en cincuenta, la
ACT, previo estudio y siempre adaptado
a las características del deporte,
determinará un número que
dirá si un remero es apto o no.
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