Martes, 2 de mayo de 2006
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DEPORTES
A MI AIRE
Pocas bromas
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Nació en Mostar, en Bosnia, y siempre quiso ser futbolista. Jugaba en el equipo de su ciudad, el Vélez Mostar y un día le fichó la Real -algún martes explicaré cómo le tuvieron escondido, en Zubieta-. Le sedujo Donostia, le impresionaron sus gentes y fue feliz en la Real, donde marcó goles como soles. Luego le llegó una oferta del Barcelona que no pudo rechazar y jugó allí un año, aunque no le fue bien en el Camp Nou. Después estuvo en el Tenerife, el Alavés, una corta estancia en Tel Aviv y se retiró tras haber marcado 105 goles en Liga.

Le marcó la guerra de su país y le marcó el fútbol. «Cuando uno es futbolista en activo vive rodeado de fama y de cosas bonitas. Yo fui feliz en la Real, pero en los últimos años de mi carrera sufrí mucho, por la ansiedad y por la responsabilidad. Tuve muchas preocupaciones, muchos miedos y quería saber qué me pasaba. Así que empezó a interesarme el mundo de la psicología y de la mejora en el rendimiento».

Estuvo en la Real hace algún tiempo como entrenador de las categorías inferiores, pero se fue de Zubieta porque entonces no estaba a gusto, según propia confesión. Hasta que hace unos dos meses recibió la llamada de Bakero. Esta temporada había hablado ya varias veces con el técnico realista -coincidieron en el Barça-, pero en esta ocasión fue en serio. Bakero le pidió que le echara una mano y aceptó. Aterrizó en Getafe con el partido empezado, pero viajó con la plantilla a La Manga y allí empezó su labor de psicólogo, de coaching.

«La situación deportiva era preocupante, pero había que devolver la confianza a los jugadores. Había que hacerles creer que se podían mantener en Primera. Que eran jugadores de Primera. Si un jugador tiene la cabeza bien amueblada puede desarrollar mejor las áreas técnica, táctica o física. Y esa fue mi labor...»

Imagino que habrán adivinado que les estoy hablando de Meho Kodro. Traigo su nombre a colación porque el martes pasado, después de que escribiera que Bakero había sido el artífice de la reacción de los jugadores, dos ex consejeros de la Real, también un ex directivo, algún periodista, algún técnico..., y algún jugador me dijeron que me había olvidado de Kodro.

No me olvido de Kodro. Al contrario. Después del fiasco de Sevilla, que me dejó con un mal cuerpo importante, espero que siga influyendo en la mente de los jugadores y cara al viaje a Cádiz les haga partícipes de su penúltima reflexión: «Fuera de casa sólo ganas, si piensas que lo puedes hacer, creyéndotelo».

Lo cierto es que mirando el panorama liguero con un mínimo de serenidad, mucho se tienen que torcer las cosas en las tres jornadas que restan para que los realistas no salven la categoría. Ahora bien, pocas bromas en Cádiz, que la Real tendrá que sudar tinta para mantenerse. Repito, pocas bromas.



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