Domingo, 18 de junio de 2006
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EDICIÓN IMPRESA
CIUDADANOS MARTA GÓMEZ LA CERAMISTA SOLDADORA TRABAJA EN EL PEAJE
«Yo no lo sabía, pero resulta que a nuestro alrededor hay montones de artistas. En serio»
Hizo Bellas Artes. Se especializó en escultura porque le gusta el volumen. Usa mucho el torno. Porque le gusta el círculo. Tiene gallinas. Tuvo una cabra. Le gusta el hierro
«Yo no lo sabía, pero resulta que a nuestro alrededor hay montones de artistas. En serio»
Marta Gómez junto a dos de sus creaciones, las dos, muy diferentes. [MIKEL FRAILE]
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La cita es en el Antiguo. Al fin y al cabo, Marta Gómez Adrián nació al otro lado del túnel. Y estudió en el colegio Montpellier. Podríamos haber quedado en Irún. Vive allá. En un polígono industrial. O en alguna cabina de peaje. Trabaja en la autopista.



- Me habían dicho que hizo Bellas Artes. No tiene usted manos de licenciada en Arte. Las tiene de...

- ¿Soldadora tal vez?

- Diría que sí, si no le molesta.

- Es que soy calderera.

- ¿De la Hungría?

- Nooooo. Hice un cursillo del INEM de calderería. Doce chicos y yo.

- Yo venía a hablar con usted de cerámica. Ya sabe: barro, hornos, tornos, vasijas...

- Y hablaremos. Pero mi licenciatura en Bellas Artes la hice con el hierro. Me gusta su tacto, su textura, su superficie, cómo se agarra a otras materias tal que la madera misma. Trabajé con el hierro pero a la brava, así que luego decidí estudiar calderería. Allí aprendí a soldar. Y unas cuantas normas de seguridad. A usar guantes, por ejemplo. Pero para entonces ya tenía las manos heridas y quemadas.

- Alguien me comentó que al principio, muy al principio, pintaba.

- Sí, pero elegí la escultura porque me apasiona el volumen, me inquietan las tres dimensiones. La escultura provoca y me provoca más que la pintura.

- ¿Y escogió la cerámica por el gusto de cocer el barro?

- ¿Qué va! Si al principio ni siquiera cocía las piezas.

- ¿Como que no las cocía?

- Pues no. Usaba el barro como boceto. Era muy interesante. Luego sí, luego me compré un horno.

- He visto piezas suyas rotas.

- Sí. Las rompo. Abro brechas. A ver qué pasa. Investigo las distintas fases del proceso de la cerámica. Que va desde el amasado del barro hasta cuando casi se convierte en vidrio. Me apasiona el modelado, el esmalte, el fundido de cristales, los murales...

- La recuerdo restaurando un teatrillo de guiñol. En Hondarribi.

- Ah, estuviste allá, ¿eh? Fue una aventura dentro del programa Arte Bide. Trabajamos tres mujeres y yo. El plan consistía en reconstruir el teatro de marionetas de la ludoteca municipal, restaurar las marionetas, crear otras nuevas y construir un teatrillo portátil. Allí me di cuenta de que en este mundo hay montones de artistas.

- ¿Ah sí?

- Ni te imaginas cuántos. O cuántas. Mira, las mujeres que trabajaron conmigo puede que no supieran pintar pero no sabes cómo cosían. Sus telas para el teatrillo son una pura maravilla.

- ¿Hablamos de la cabra?

- ¿Plata? Era una buena cabra. Vivo en un polígono como industrial de Irún. A gusto. En los alrededores, talleres. Pero entre nave y nave, una zona verde con árboles y maleza. Cuando entramos a vivir allá decidimos que mejor que comprar una máquina para segar la hierba, nos agenciábamos una cabra. Y ésa fue Plata. Tengo gallinas. Y a Josetxo.

- ¿Un amigo?

- Un perro. Mezcladito de razas. Tiene 14 años. Me acompañó a la Fiesta de las Flores en Oiartzun. No vendí mucho pero fui feliz.

- ¿Así que va de feria en feria?

- No voy a todas pero sí a unas cuantas. Creo que el Arte tiene una dimensión social sumamente importante. Y yo lo palpo en las ferias, en el contacto con la gente. Ahí es donde calibro la fuerza comercial y vital de mis piezas. Regateando, claro.

- ¿Vende sus vasijas, cuencos, lámparas, amuletos, al regateo?

- Faltaría más. En eso soy muy mora. Es otra forma de arte.

- Me dijeron que trabajó en unas cuevas. ¿En las de Sacromonte?

- No. Anduve mucho por el Mediterráneo. Recogí naranjas. Y participé en la creación de un espacio artístico-artesanal subterráneo en las cuevas del Rodeo, Alicante. Fue una experiencia increíble. Allá en la Vega Baja había vivido gente libre, pobre y marginal en ellas. ¿Si supieras el frescor que se sentía, la impresión de entrar por una de ellas, echarte a andar y salir kilómetros más allá!

- Aburridas, lo que se dice aburridas, las horas que mete en las cabinas de peaje, su trabajo.

- Te equivocas. Es un trabajo totalmente dinámico.

- No se quede conmigo, por favor.

- Palabra. Ves pasar la gente. Cada uno con su historia. Oyes la radio, haces estiramientos, lees. Siempre puedes tener un papel para juguetear con el tipex.

- ¿El tipex? ¿Ese corrector blanco?

- ¿No lo has probado? Tiene una textura soberbia y crea unas formas, unos volúmenes tremendos.



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