Hija de mala madre.
Las noticias del periódico, aunque son casi todas malas, no dejan de sorprendernos. Hoy he leído que una niña de seis años estaba deambulando sola por el paseo marítimo de Cádiz a la una y media de la madrugada. Cuando la policía la encontró y preguntó qué hacia por la calle sola a esas horas, la niña solo contestó que su madre la había echado de casa y no sabía dónde ir. Los agentes la llevaron a su casa y resulta que la madre estaba tan tranquila y en ningún momento mostró ningún síntoma de preocupación y mucho menos de alegría por ver a su hija. Por supuesto, la trasladaron a la comisaría para que aclarara la despiadada acción que acababa de realizar con su hija. ¿Qué está pasando en esta sociedad que las madres echan de casa a niñas de seis años? ¿Qué pasaría por la cabeza de esta madre cuando echó a su hija de casa, quedándose tan tranquila? Cualquier animal no deja sola a su cría hasta que comprende que puede defenderse por sus propios medios. Recuerdo un documental sobre vida salvaje, donde una leona se enfrentó con un macho, mucho mayor que ella, que se metió en su territorio y quería matar a sus dos crías. Luchó hasta la extenuación con el león para defenderlas y aún malherida desde el suelo seguía luchando con el asesino que al final logró su propósito. Si esto lo hacen los animales, simplemente siguiendo la ley natural, ¿por qué las personas hacen estas aberraciones? Hay que tener el corazón muy duro para saber que tu hija de seis años está en la calle, con los peligros que actualmente hay de todo tipo y quedarse tan tranquila en casa. Esta sociedad se está deshumanizando y lo mismo vemos que una madre tira a su hijo recién nacido a un contenedor de basura; que entra en su habitación, aprovechando que está durmiendo y lo asfixia con la almohada o lo vende por unos cuantos euros. Hoy día, el cariño familiar está en desuso, sencillamente porque la familia, como tal, tiende a desaparecer y lo que prima es el interés y el materialismo, y naturalmente esto lo respiran los niños desde pequeñitos. Los padres –y estoy hablando de una familia de las pocas que van quedando consideradas normales- apenas conviven con los hijos porque necesitan trabajar para pagar todas las trampas que esta absurda sociedad demanda. Los niños, como mal menor, se pasan en el colegio todo el día y cuando los recogen apenas tienen tiempo para ducharlos y acostarlos. La vida familiar, con todo su amor, cariño y problemas de siempre, se está esfumando y esto lo estamos pagando entre todos. Paul Claudel, escritor y diplomático francés del siglo XIX, ya nos lo mostró con el siguiente pensamiento: “La señal de que no queremos, ni amamos a alguien es que no le damos todo lo mejor que hay en nosotros”.
Joaquín Tomás Fortunati Cendrero


